Caminando una investigación amable y afectiva hacia las soberanías alimentarias

Alan Heinze

El círculo de diálogo ya pasaba las tres horas, más de dos de lo planeado, y todavía faltaban algunos por hablar, por compartir por qué y cómo habían llegado al programa educativo “Pies Ágiles” y cualquier otra cosa que en ese momento moviera sus entrañas. Quizá fue mi poca experiencia facilitando grupos grandes, pero era evidente que se abría un espacio de palabra, de confianza, y la verdad me encontraba fascinado por sus historias, tanto que el tiempo y el hambre se nos pasó.

Las palabras más emotivas de esta compartición fueron las de mi vecino, quien nos contó sobre su vida y sobre lo que no quiere en su vida, del exilio y el campo como su refugio. Conmovido, yo hablé a continuación del desalojo e intoxicación del campo, es lo que en ese momento mi piel exudó. Nos encontrábamos al margen de la Laguna de Cajititlán, un poco al sur de Guadalajara, reunidos/as en un hermoso terreno—el Bosque Escuela de Agricultura Regenerativa—bajo la sombra de una lona. Era nuestra primera reunión presencial y había un gusto compartido de sentarnos frente a frente por primera vez, de oír nuestras voces libres de la virtualidad, lo que también nos causaba cierta expectativa y emoción. En palabras de una compañera, “fue un momento inolvidable, compartimos desde el corazón y así yo también me animé, fue muy bonito como primer acercamiento”. Corría un viernes de noviembre del 2021, y así arrancamos el 1er encuentro de nuestra llamada Casa Jalisco-Nayarit.

En un inicio, la Casa Jalisco-Nayarit estaba conformada por 28 integrantes (dos mujeres más que hombres), la mayoría jóvenes egresadas/os de distintas carreras, cuatro docentes, seis promotores de agroecología con buena experiencia, y un “tejedor” (mi persona) como tutor y coordinador del grupo. Esta era una de las doce Casas, o nodos regionales, del programa Pies Ágiles, un posgrado de especialidad impulsado por el entonces Conacyt—todavía en vías de incluirle la hache de las Humanidades.

El programa de modalidad mixta (virtual + presencial) facilitó procesos de investigación-acción participativa, y fomentó un aprendizaje situado, constructivista y colectivo en múltiples territorios (Sánchez-Reyes et al., 2025).

En la Casa Jalisco-Nayarit trabajamos varios temas de investigación participativa, todos bajo el tejido de la soberanía alimentaria y con la agroecología como hilo conductor. Destacaron temas de producción y aplicación de bioinsumos agrícolas para eliminar la dependencia nociva de plaguicidas y fertilizantes químicos1, el cuidado de la agrobiodiversidad especialmente de semillas y maíces nativos2, y la creación de huertos comunitarios y escolares como espacios productivos, educativos, de convivio y juego3.

Estos temas de investigación surgieron del proceso participativo de los mismos estudiantes en conjunto y diálogo con sus comunidades de aprendizaje, fueron resultado de un reconocimiento del territorio, de su historia y problemática, así como de su propia relación y posicionamiento ante los sistemas agroalimentarios locales y globales. De la práctica y los intercambios entre estudiantes, especialmente tras más encuentros y coincidencias en ferias, festivales, mercados y cocinas, emergieron a su vez temas comunes de (pre)ocupación y motivación. Con estos ejes transversales: economía solidaria, educación4, perspectivas de género y enfoques feministas, relaciones intergeneracionales5 y tejido socialestablecimos raíces profundas para sostener los procesos de soberanía alimentaria a la que aspirábamos.

Habíamos definido un objetivo común y claro en los procesos de investigación-acción participativa que facilitaban las y los estudiantes: impulsar transiciones agroecológicas en los territorios y transformar los sistemas agroalimentarios locales hacia sistemas regenerativos que cuida  la vida y promueven el bienestar de las personas y nuestro planeta. Nos sonaba bien, este propósito nos inspiraba y guiaba y el grupo convergía en él.

Es la narrativa que usamos, que incluso sigo presentando en reportes, sistematizaciones y textos académicos; pero sentía que faltaba algo, que no se lograba capturar la esencia de lo que las/los estudiantes hacían, compartían y expresaban. Unos meses después me encontré con un magnífico video, “hacer academia con amabilidad”6, de la profesora Amaranta Cornejo Hernández (que no conocía), y sus palabras resonaron y cobraron sentido para mí, para nuestra práctica. Emocionado, publiqué un tuit, así como para proclamar al mundo y afirmarme a mí mismo que me sentía “motivado por realizar una investigación que apunta a transformar, a crear parentesco, y co-generar conocimiento con amabilidad7”.

Desde entonces manifesté, tomando prestadas las palabras de la profe Amaranta, que la investigación que se realizaba como parte de estos procesos era amable, entendiendo la amabilidad como una capacidad de benevolencia y empatía, incluso hacia otros seres más que humanos. Las y los estudiantes de la especialidad fueron auténticamente amables con las personas y comunidades involucradas en el proceso de investigación participativa, más aún porque la mayoría de estos estudiantes a su vez vivía y formaba parte de estas comunidades rurales, periurbanas y urbanas que habían sido gravemente impactadas por un modelo agroindustrial extractivista. Se trata de una investigación transdisciplinaria que pretende cambiar las condiciones mismas que se están estudiando y analizando, generar bienestar como fin y como parte del proceso, y formar y mantener lazos relaciones de colaboración y amistad con las personas involucradas.

Maíz rosa

Una investigación basada en la amabilidad se construye desde la empatía, empezando por escuchar y abrirse a una conexión con el / la / lo otro. Recuerdo que, durante una reunión de trabajo en el Congreso de Agroecología, a la que asistimos varios/as integrantes de la Casa y otros/ as compañeros/as de la especialidad, realizamos dinámicas participativas en torno a las capacidades y habilidades desarrolladas durante el Pies Ágiles. Se formaron cuatro grupos de trabajo y para mi sorpresa, cada grupo concluyó que “la escucha” había sido el aprendizaje más importante, y una práctica esencial para establecer una conexión con las personas, conocer sus motivaciones, dolores y necesidades, y así comprender mejor la problemática y el potencial de los territorios. En el programa se fomentaron y abrieron espacios de diálogo y escucha activa entre estudiantes y las comunidades de aprendizaje. Se realizaron, por ejemplo, círculos de la palabra, fogatas e intercambios de presente; incluso en una de las tareas los estudiantes tuvieron que registrar el paisaje sonoro (los ruidos y sonidos del entorno) para aprender a oír y percibir su ambiente. En fin, una investigación amable escucha.

El conocimiento que se busca co-crear, el problema que se quiere comprender surge entonces desde esta capacidad de establecer vínculos afectivos con otras personas, de poder abrirse a sentir, percibir y ser afectado/a. La afectividad nos invita a experimentar y vivir la realidad con intimidad, y por consiguiente a ser afectados/as tanto por las personas como por el ambiente y el contexto en el que se está realizando una investigación. Durante el programa, las y los estudiantes se vieron implicadas/os y enredadas/os con su tema de investigación.

También nos juntamos, colaboramos, convivimos y celebramos para estrechar nuestros lazos y articular redes agroecológicas, o como destacaba un compañero, la ‘tejedumbre agroecológica’. Pero no solo fueron momentos de esperanza en el territorio dominado por el Gigante Agroalimentario (nombre que ha ostentado el Estado de Jalisco), las/los estudiantes tuvieron que afrontar desigualdades e injusticia social, violencias, desnutrición, la prevalencia de enfermedades crónicas causadas por plaguicidas tóxicos, distintas clases de explotación y extracción, campos degradados y contaminados, territorios de sacrificio. Por si no bastara, contaban que se vivía el desarraigo, el despojo y una apatía generalizada—yo sentí que era lo que más les dolía.

Son en estas condiciones, que impresionan y conmueven, en que se realiza una investigación participativa, colaborativa y transformadora, bajo una lógica afectiva, de sentipensares y de relaciones intersubjetivas (Fals Borda, 2015). Mas ¿cómo aporta la investigación amable y afectiva a los procesos de soberanía y autonomía alimentaria? Francamente no he logrado construir un marco conceptual, pero tengo una imagen que no me escapa: la de un suelo arcilloso, lleno de un barro amable y afectivo que se expande, pega y contrae, y que vale mencionar no es de los suelos más fáciles de trabajar. Es en este suelo barroso donde crecen las raíces profundas (en nuestro caso los ejes transversales de la Casa ya mencionados) que sostienen las soberanías alimentarias que queremos construir y cultivar. A este proceso le pusimos nuestras mentes, corazones, manos y pies, y en las palabras de una especialista recién graduada, “las experiencias desde el sentir de los territorios para sumar a la lucha colectiva por el buen vivir.” En cuanto a la investigación en sí, es sólo una de esas tantas cosas que se pueden hacer con un buen barro.



Notas al pie

  1. Tiempo después realizamos un ejercicio de sistematización: Experiencias en el uso de bioinsumos para la salud y la regeneración ecosistémica y comunitaria [artículo de divulgación]. https://doi.org/10.5281/zenodo.12774400.
  2. Festival de maíces criollos de la Sierra Occidental [nota informativa]. https://ciatej.mx/el-ciatej/comunicacion/Noticias/Festival-de-maices-criollos-de-la-Sierra-Occidental/297.
  3. ¡Uno, dos tres por mí y por todas las agroecologías!” [artículo de divulgación]. https://ichan.ciesas.edu.mx/uno-dos-tres-por-mi-y-por-todas-las-agroecologias/.
  4. Cerca de 300 jóvenes participaron en el Primer Encuentro Regional de Jóvenes y Agroecología [nota informativa] https://letrafria.com/cerca-de-300-jovenes-participaron-en-el-primer-encuentro-regional-de-jovenes-y-agroecologia/.
  5. La necesidad de miradas de género e intergeneracionales en la agroecología [nota en gaceta]. http://teocintle.cusur.udg.mx/la-necesidad-de-miradas-de-genero-e-intergeneracionales-en-la-agroecologia/.
  6. “Hacer academia con amabilidad” https://youtu.be/C34HoaySku8.
  7. @alanfibio [Tweet], https://x.com/alanfibio/status/1468380253559001089.

 


Referencias

Fals Borda, O. (2015). Una sociología sentipensante para América Latina. Siglo XXI Editores y Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales.

Sánchez-Reyes, G. A., Domené-Painenao, O. E., Heinze Yothers, A. y Santiago Vera, T. J. (2025). Un aprendizaje situado, colectivo y mixto en diversos territorios: la experiencia de tejedoras/es en México. Diálogos sobre Educación. Temas actuales en investigación educativa, 16(32), 1–20. https://doi.org/10.32870/dse.v0i32.1543