La disputa por el agua: territorio, cultura y poder en Cuatro Ciénegas. Rehabilitación de un Río muerto llamado Mezquites
Cuatro Ciénegas, en el corazón del desierto de Coahuila, no es un territorio cualquiera. Es un relicto vivo de la historia de la Tierra, un semidesierto que guarda en sus entrañas un ecosistema único en el planeta. Rodeado de montañas y aislado del resto del desierto chihuahuense, este valle ha sido, durante millones de años, refugio de especies endémicas, laboratorio natural para científicos y fuente de vida para sus pobladores. Pero hoy, gran parte de esa riqueza natural se encuentra al borde del colapso.

Desde hace más de 130 años, el agua ha dejado de correr libremente por uno de los ríos más importantes del valle: el Río Mezquites. El flujo natural fue interrumpido por el canal Saca Salada, una obra hidráulica construida en 1898 para desviar el agua hacia la cuenca del río Bravo, a más de 70 kilómetros de distancia. Este trasvase se realizó para abastecer a los ejidatarios y a los sistemas agrícolas de otras regiones, sin dimensionar las consecuencias ecológicas que tendría sobre este oasis en el desierto.
La historia reciente del valle ha sido documentada a través de una serie de trabajos visuales y etnográficos que no sólo registran la pérdida del agua, sino el drama humano y ambiental que esa pérdida representa. En 2020, se realizó un registro audiovisual del nuevo intento por recuperar el cauce original del Río Mezquites. La propuesta fue simple en apariencia, pero compleja en ejecución: reubicar parte del agua que fluye por el canal Saca Salada y devolverla al valle, sin afectar los títulos de concesión vigentes, y evitar así el desperdicio del líquido que se escurre fuera del ecosistema sin un destino productivo claro.
La cámara se convierte aquí en un testigo activo de la historia, siguiendo los pasos de los científicos, los activistas, los pobladores y los actores políticos involucrados en esta disputa por el agua. La lente no sólo capta imágenes; se adentra en las contradicciones de un territorio donde la cultura del agua choca con la realidad del ecocidio. Porque en Cuatro Ciénegas, el agua no es sólo un recurso: es vida, es conflicto, es memoria.
El proyecto documental actual es una continuidad del largometraje “Cuatro Ciénegas, una película sobre el origen de la vida”, filmado entre 2013 y 2018. En esa obra se mostró, con evidencia contundente, la agonía del sistema de humedales, especialmente en la zona conocida como El Churince, símbolo de la desecación del valle. La cámara mostró la muerte del Río Garabatal y la Poza de los Güeros, registrando la desaparición del agua y con ella la vida de peces endémicos, tortugas y estromatolitos, algunos de los organismos más antiguos del planeta.
En paralelo, el trabajo de investigación derivó en la publicación del libro “Parpadeo Cósmico-Cuatro Ciénegas”, un compendio de testimonios, imágenes y reflexiones elaborado junto a la Dra. Valeria Souza y el Dr. Luis Eguiarte, ambos investigadores del Instituto de Ecología de la UNAM. Como decía Malinowski, “los pueblos sólo pueden conocerse mediante la convivencia directa y no a través de los libros”. Por eso la cámara se interna en los campos, en los ejidos, en las pláticas cotidianas, para escuchar las voces de quienes conviven día a día con la transformación del paisaje.
El problema es de una magnitud que desborda los límites locales. Cuatro Ciénegas fue decretado en 1994 como Área de Protección de Flora y Fauna por el gobierno federal. La CONABIO lo cataloga como un sitio prioritario para la conservación, y a nivel internacional está registrado como un humedal Ramsar, es decir, un ecosistema clave para la biodiversidad mundial. No obstante, su riqueza biológica está siendo arrasada por una dinámica extractiva que no da tregua.
La alfalfa, uno de los cultivos más voraces en consumo de agua, se ha convertido en el símbolo de esta paradoja. Para producir un metro cuadrado de alfalfa se necesitan dos metros cúbicos de agua, recurso que en Cuatro Ciénegas proviene de los acuíferos profundos.
La agroindustria, con sus pivotes centrales y sus sistemas de riego intensivo, extrae millones de litros diariamente, agotando los mantos freáticos y dejando a los humedales en un estado de agonía irreversible. El canal Saca Salada, por donde se escurren entre 1,300 y 2,000 litros de agua por segundo hacia otras regiones, es la arteria que desangra al valle. El Río Mezquites, que antes drenaba de manera natural hacia Las Salinas y Las Playitas, ahora se encuentra fragmentado, cortado en su flujo vital. En 2020, el Dr. Mauricio de la Maza, entonces director de Pronatura Noreste, encabezó un proyecto de obras hidráulicas para revertir parcialmente esta situación. Se trataba de un esfuerzo por reinyectar el agua al ecosistema, respetando los derechos de concesión pero evitando el desperdicio.
“El valle genera alrededor de cien millones de metros cúbicos anuales, pero sólo diez millones están amparados por títulos de concesión; el resto se está perdiendo”, declaró De la Maza en entrevista durante la filmación del documental.
El 19 de octubre de 2020, las obras lograron que el agua volviera a correr por zonas secas del Río Mezquites. Sin embargo, ese logro fue efímero. El 5 de mayo de 2021, un grupo de personas destruyó las obras con machetes y palas. “Vinieron a destruir lo construido por el bien de todos, a destruir la esperanza de revertir algo del daño que le hemos hecho a la tierra”, lamentó la Dra. Valeria Souza en un testimonio recogido por la revista Gatopardo.
La cámara, en su labor de cine ojo, no sólo registra la catástrofe ambiental, sino también las relaciones de poder que se ejercen sobre el agua. La presidenta municipal de Cuatro Ciénegas, Yolanda Cantú, solapó la agresión contra el equipo de filmación durante la documentación de las obras hidráulicas, protegiendo a los ejidatarios que se oponen a cualquier intento de redistribuir el agua. La lógica de los ejidos y del agro negocio pone en jaque la conservación, bajo la creencia de que el agua es un recurso que “está ahí para usarse”, como lo expresó un ejidatario en una de las entrevistas para el documental.
Esta visión se sostiene en una cultura extractiva que organiza el flujo del agua mediante canales construidos hace más de un siglo, manteniendo un sistema obsoleto y depredador. Mientras algunos ejidatarios del ejido San Juan Boquillas se benefician del control del agua, en otros ejidos como El Venado apenas logran acceder a 12 horas de riego al mes, evidenciando la desigualdad en el manejo del recurso.
El proyecto audiovisual actual no sólo documenta la desecación de los humedales, sino también las prácticas culturales que la sostienen y las alternativas que proponen los científicos y algunas comunidades conscientes del desastre. El sistema de riego por goteo, la educación ambiental en el CBTA 22, la propuesta de sustituir el cultivo de alfalfa por otros menos demandantes de agua, son parte de las acciones que buscan revertir un daño que, si no se detiene, será irreversible.
El agua en Cuatro Ciénegas es territorio, es cultura y es poder. La disputa no es sólo por un recurso hídrico, sino por la forma en que se construye la relación entre el ser humano y su entorno. Como decía Levi-Strauss, la cultura impone códigos sobre la naturaleza, y en este caso, esos códigos han llevado al borde de la extinción a un ecosistema milenario.

La cámara sigue rodando, capturando no sólo imágenes, sino la memoria de un desastre en tiempo real. Porque si no se filma la muerte de las pozas, las tortugas, los peces y los estromatolitos, para muchos no existe el problema. La cámara etnográfica se convierte así en un acto de resistencia, en un documento de denuncia y en un espejo que refleja las contradicciones de un territorio en disputa.
Rehabilitación de un Río Muerto llamado Mezquites en Cuatro Ciénegas, Coahuila:
De lo micro a lo macro: valle de Cuatro Ciénegas, Coahuila: