Publicar desde el compartir. La procuración de la vida y de lo vivo.

Adriana Raggi Lucio
En México existe una gran abundancia de prácticas artísticas que se enclavan en diversas formas de hacer comunidad. Estas prácticas y las comunidades que las llevan a cabo construyen una forma de pensamiento propio que busca, desde la comunalidad, construir relaciones diferentes en donde exista el reconocimiento y la labor entre todxs1. Ahora bien, entendiendo por comunalidad:

Una igualdad de derechos y obligaciones de todos los integrantes para participar en las decisiones del destino de la comunidad, así como para disfrutar de su producción. Cabe aclarar que no se trata de un modelo acabado e inmutable, sino que es praxis en permanente movimiento y cambio. En la cosmovisión occidental no existe la vivencia de la comunidad como organizadora o centro, sino que hay un descentramiento de lo comunitario que coloca al individuo como centro (Algava, 2022, p. 137).

Con base en lo anterior, es que desde la Editorial Mitote2 hemos tratado de plasmar en nuestras publicaciones una memoria de prácticas artísticas que han sido poco exploradas por la historia del arte hegemónica. En efecto, la memoria de las comunidades que hacen prácticas artísticas en México está inscrita por la historia del arte desde una visión jerárquica como artesanías o arte popular derivado de una forma de discriminación, y en realidad son prácticas que encierran una gran cantidad de saberes valiosos en las cuales también se trabajan prácticas comunitarias que tienen una trascendencia que no es reconocida.

Por todo lo anterior es que en este texto, en mi trabajo como profesora y en la editorial se habla siempre de prácticas artísticas y no de arte o artesanías.

El quehacer que nos proponemos siempre con comunidades nace desde un pensamiento que incorpora una perspectiva de procuración de la vida y de lo vivo. De ahí que las propuestas que hacemos en la editorial parten de la construcción comunitaria de diversos saberes que en muchas ocasiones son negados por el Estado y las instituciones y que se encuentran ligados a diversas prácticas artísticas. Es a partir del ejercicio vivo de estos saberes, que las comunidades han construido una forma propia de prácticas en la que buscan el reconocimiento y la conservación de lo que construyen. La propuesta de la editorial es compartir desde ellas las experiencias que estas prácticas artísticas ofrecen como una vía sanadora ante procesos colonialistas que han negado su existir y su derecho a la vida.

Considero que las comunidades formadas en pueblos originarios y que trabajan con prácticas artísticas diversas han sido impactadas por diversas formas de entender la vida en México, sobre todo a partir de los años 90 con el levantamiento del EZLN, la formación de universidades campesinas como la Universidad Campesina Indígena en Red (UCI-Red), así como los problemas de migración y trabajo derivados del TLC, las formas de producción artesanal y prácticas artísticas que han llevado a formas de hacer comunitarias las cuales incidieron en el arte contemporáneo y el diseño, por supuesto sin el reconocimiento debido. Ejemplo de esto es la exposición Una modernidad hecha a mano: diseño artesanal en México, 1952-2022 en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) de la UNAM. En su catálogo dice:

Proponemos revisar las ideas de un grupo de intelectuales de la década de 1960 […] quienes comenzaron a preocuparse por el estado de la artesanía en aquel momento y cómo podrían promover su evolución. Su solución fue trabajar de cerca con diversas comunidades rurales e indígenas, e intervenir las piezas tradicionales para darles un toque moderno. La idea principal era que los objetos pudieran tener varios usos, es decir, que pasaran de ser tan sólo utilitarios a convertirse también en piezas decorativas o que estuvieran más cercanas a las tendencias estéticas de los mercados comerciales (Talavera Autrique, A., Mallet, A.E. & MUAC, 2022, p. 13).

Es decir, los procesos de la modernidad y colonialidad dicen que el trabajo artesanal necesita la intervención del diseñador industrial para entrar al mercado, si no se hace así no tiene ningún valor para el museo de arte. En este contexto, la editorial se ha movido de esos procesos artísticos y ha trabajado desde la participación comunitaria con la organización de tejedoras Sohuame tlatzonkime Mujeres bordadoras3; la bordadora de Xochimilco Erika Jiménez (Akire Huauhtli)4 y su proyecto Tintes El duraznito; así como con comunidades como Hilando5 sentidos que fue una colectiva de voces diversas en torno a la discusión, reflexión y debate de las diferentes prácticas textiles. También, la Sociedad Cooperativa Chiwik Tajsal6 que trabaja desde el textil y la comunidad como forma de cuidado; las Mujeres de la tierra. Mujeres de la periferia7 que se definen como mujeres indígenas defendiendo la Tierra y Pochx House8 un grupo de activistas de migrantes retornadxs que afirman su herencia “pocha” y trabajan para poner fin a la exclusión legal y cultural.

Cada uno de estos individuos y organizaciones gestionan prácticas artísticas que surgen de procesos sociales heredados de la resistencia a la colonización, así como una forma de feminismo comunitario con una construcción a partir de la vida de cada una de sus integrantes. La editorial ha nacido de la pretensión de generar un recorrido que sirva para cuestionar las injusticias epistémicas discriminatorias basadas en la construcción histórica del género cruzadas por la raza y la clase y generando que existan saberes negados por la hegemonía educativa y artística. Las injusticias epistémicas son definidas por Miranda Fricker dentro de dos categorías:

La injusticia testimonial se produce cuando los prejuicios llevan a un oyente a otorgar a las palabras de un hablante un grado de credibilidad disminuido; la injusticia hermenéutica se produce en una fase anterior, cuando una brecha en los recursos de interpretación colectivos sitúa a alguien en una desventaja injusta en lo relativo a la comprensión de sus experiencias sociales (Fricker, 2017, p. 10).

A partir de pensar que sucede con estas injusticias dentro de procesos educativos, sociales y de construcción de memoria es que hemos buscado desde la editorial encontrar ediciones que puedan romper las formas editoriales que se marcan desde una hegemonía colonial que pretende intervenir en los procesos artesanos, para movernos hacia ediciones que procuren entender los tiempos y las formas de comunicación propias desde las diversas comunidades, no se trata nunca de visibilizar o dar voz, eso sería hablar desde la hegemonía, se trata de encontrar puntos en común y lograr ponerlos en una experiencia editorial.

Pensamos que, como dice Julieta Paredes, hay que buscar las concepciones y los tiempos propios de quienes han resistido a la colonia:

Se trata de descentrar el tiempo de la hegemonía colonial y, desde esta concepción, de descentrarnos del tiempo de Europa para así recuperar el tiempo nuestro: el tiempo de la vida en nuestros territorios desde los tiempos ancestrales, y desde ahí proyectar nuestro propio tiempo como una raíz de temporalidad, que hoy nos posiciona a nosotras en los tiempos actuales que nos toca vivir. Los tiempos no son los mismos en los diferentes territorios. Nos proponemos recuperar el tiempo de las abuelas para que nosotras podamos vivir nuestro tiempo, con esperanzas y construyendo el vivir bien de la comunidad, de la cual las mujeres somos la mitad (Paredes, 2017).

El tiempo de las abuelas es un encuentro para nosotras, las personas que construimos este proyecto, todas habitantes del sur de la Ciudad de México: Tlalpan y Xochimilco9. A través de confrontarnos con ese tiempo es que hemos pensado en ediciones diferentes que parten de una flexibilidad en las teorías que se ha construido desde nuestra experiencia de trabajo con diversas comunidades y a través de procesos de investigación-acción que hemos desarrollado desde ellas.

Es importante destacar que, desde las bases teóricas de nuestra propuesta, parten de nuestra experiencia en la universidad y su traslado, debido a violencias vividas en nuestro espacio de trabajo, a un proyecto independiente que parte de la idea de trabajar desde comunidades de saberes, de la procuración de la vida y de lo vivo y de la investigación siempre pensando en el conocimiento situado.¹10

A fin de trabajar con los saberes comunitarios, hemos revisado las voces y el trabajo de diversxs autorxs de diferentes latitudes que navegan en discusiones sobre la sociedad, la procuración de la vida y de lo vivo como Simón Rodríguez, Julieta Paredes, bell hooks, Silvia Rivera Cusicanqui, Aura Cumes o Gladys Tzul Tzul; así como diversas prácticas artísticas; la comunidad y la investigación; y hemos indagado qué es lo que hacen las comunidades para trabajar y comunicar su trabajo.

En este texto hablaré específicamente del trabajo que hemos realizado con la Sociedad Cooperativa Chiwik Tajsal a partir del proyecto Acompañamientos pedagógicos para reencontrar nuestros saberes. El acercamiento de la editorial y la Sociedad Cooperativa Chiwik Tajsal comienza a partir del encuentro de María Sánchez y Rubén Cerrillo de la editorial Mitote con Emilia Flores de Chiwik en la UCIRed, de la que ya hablé antes.

El proyecto que se realizó en 2024 y 2025 se propuso como una experiencia en conjunto para hablar de las formas pedagógicas de Chiwik y se llevó a cabo en tres encuentros, el primero fue en Hueyapan, Puebla en donde reside la cooperativa. Ahí se planteó que el proyecto partiría de lo que Chiwik y su asamblea quisieran desarrollar. La asamblea decidió trabajar alrededor de los cuidados de la vida y de lo vivo a través del territorio y el agua.

Entonces se hizo un mapeo de Hueyapan, en donde se encontraron memorias del territorio desde diferentes generaciones. Al mismo tiempo se mantenían conversaciones que visibilizaban el nivel de compromiso y politización de las mujeres de Chiwik y de sus formas de resistencia a través del idioma náhuatl, de su trabajo artesano, de formas de crear conocimiento que les son muy particulares.

El segundo encuentro sucedió en el Taller Basalto de Pátzcuaro en donde se trabajó desde los tipos móviles a partir de lo platicado y construido en Chiwik. Ahí trabajamos con Lorenza Flores y Victorina Flores y se generaron carteles que tienen que ver con un posicionamiento ante el cuidado de todas las formas de vida que han sido sujeto de procesos coloniales que parten de las violencias hacia la vida misma.

El último encuentro se llevó a cabo en la Ciudad de México, en Tlalpan –en donde está localizado el taller de risografía–, además de que nos desplazamos a Xochimilco y sus canales –en donde está el taller de tipos móviles. Mariana Cidonio, Alberta Martínez y Musa Esmeralda Juárez compartieron con nosotras la experiencia de acercarnos al desastre ecológico de la Ciudad de México y también a las esperanzas y desesperanzas que estas contienen. Platicamos de la importancia del cuidado del agua a partir de lo que vimos y que compartimos. De ahí se generaron ediciones que se presentaron en un museo en el centro de la Ciudad de México.

Desde mi estar con Chiwik, conocer su espacio, su territorio y escuchar su lengua he realizado una serie de procesos de pensamiento que se derivan también de platicas compartidas con Emilia Flores. He podido pensar en si Chiwik trabaja desde el feminismo comunitario y es desde este concepto que puedo generar un trabajo editorial.

Pero la respuesta es larga y parte de que el concepto de género y sus cruces con la clase, la raza o la geografía, se pueden entender desde una perspectiva local y comunitaria, en la que la idea de prácticas artísticas y comunidad tienen cabida. Las aportaciones históricas y teóricas que me han ayudado a comprender el género y relacionarlo con los procesos en las comunidades, parten del desarrollo que hace bell hooks de la educación, la comunidad y la importancia de entender como la raza construye una relación con el sistema de género que nos sitúa desde las particularidades, no es lo mismo ser indígena en México que ser blanca.

El estudio de Bell Hooks, sobre lo que significa educar en comunidad con el fin de generar un cambio en el sistema patriarcal y racista que domina al sistema educativo, me sirve para desplazarme a un tiempo y un espacio mental más cercano a Chiwik. Pero ese feminismo que Chiwik nombra parte de una experiencia que en realidad está ligada más a lo comunitario que al feminismo, el trabajo de Acompañamientos pedagógicos para reencontrar nuestros saberes me ayudó a observar cómo se construyen procesos comunitarios que significan el cuidado de la vida.

Y estoy segura de que el feminismo que he estudiado en la universidad no se encuentra con esos procesos. No es explicable en palabras académicas lo que sucede cuando se lleva a cabo una asamblea de mujeres en náhuatl. Ahí hay un poder basado en la resistencia que yo nunca había compartido. Ahí está el tiempo de las abuelas.

En palabras de Chiwik: El trabajo y cuidado colectivo entre mujeres, nosotras lo comprendemos desde nuestra lógica como Siuasentekipacholis.

El Siuasentekipacholis es una práctica que se ha dado desde los inicios de la lucha iniciada por las artesanas del municipio de Hueyapan, Puebla. Lucha que consiste en mantener y preservar nuestra cultura mahseual a través de los procesos productivos y textiles artesanales. Haciendo referencia a la forma de vida que aprendimos acompañadas de nuestras madres, nuestras madres de nuestras abuelas y nuestras abuelas de sus madres: una vida que está fuertemente vinculada con el trabajo en comunidad y cuidado mutuo entre seres, ya sean considerados humanos o no, porque para nuestra visión ontológica mahseual todxs somos parte fundamental de la vida y ningún ser es más que otrx (Flores Martínez, 2025, p.26).

En contraste, mi vida se centra en un espacio de colonialidad interna y ese poder de la asamblea de Chiwik no es algo que pueda ni siquiera palpar, apenas lo entiendo. Por lo mismo recurro a ideas como las de autorxs ya mencionados antes que son un apoyo para pensar desde una lucha contra el borramiento de comunidades enteras que genera el sistema patriarcal. Entonces pretendo con la editorial hacer un ejercicio de un pensamiento disidente epistémico, a través del proceso editorial que significa construir con la imagen y la palabra formas de comunicación desde los saberes situados para trabajar en contra de las injusticias epistémicas que eliminan las formas de pensamiento y los saberes de las comunidades como Chiwik. De ahí la necesidad en la editorial de hacer un ejercicio que propicie la reconstrucción de la memoria de las comunidades y su trabajo con prácticas artísticas.

El trabajo que hicimos giró alrededor de la idea de la autoenunciación que nos sirvió para dejar una constancia de la comunidad que ayude a evitar el borramiento social que impone el capitalismo y la jerarquización de los saberes. Este mismo trabajo tiene una base artesanal, porque editamos con varias técnicas. Usamos los tipos móviles que implican un trabajo manual y de atención muy importante ya que es necesario acomodar las pequeñas piezas de metal con la letra en una rama o caja para formar el texto y después imprimirlo. También imprimimos con la técnica de la risografía o duplicadora digital que es un sistema que se basa en la mimeografía y la serigrafía, en el que se utiliza una máquina para reproducir, pero también conlleva un trabajo preciso de quien diseña e imprime. Ambas técnicas contienen un acercamiento al trabajo de autoedición alejado de los procesos industriales de hacer libros en grandes cantidades.

Hay aquí una urgencia política a la que me dirijo, se trata de trabajar desde los saberes de la comunidad. En este sentido, el quehacer de la editorial parte de la autobservación con la idea de cuestionar y no propiciar lo que tradicionalmente se genera en proyectos que no se proponen construir desde la comunidad: la violencia, la jerarquía, los roles de género y el entendimiento parcelado y jerárquico de los saberes artísticos. Se trata de llegar a la puesta en práctica de nuevas formas de entender los saberes autonarrativos de la comunidad y sus prácticas artísticas, estas formas me ayudan a poner en este texto lo que pienso como los resultados del trabajo.

Es importante señalar que, para este proyecto, y en mi investigación en general, el saber autonarrativo es sustancial, pues es en ese momento en el que en una comunidad se parte de lo que cada participante trae a ella, sus saberes propios, aquellos que las injusticias epistémicas discriminan. Lo que cada unx sabe se despliega en el trabajo comunitario y se comparte. La intersección entre prácticas artísticas y trabajo comunitario es la apuesta de nuestro proyecto editorial, con el fin de propiciar una transformación a la sociedad capitalista y colonial, de ahí que en este proyecto observamos y trabajamos la puesta en acción en el trabajo comunitario y lo llevamos a lo editorial desde lo que hacen las comunidades con las prácticas artísticas, sus formas de trabajo entre todxs y la transformación social que germina de ellas. Por ejemplo, la incorporación y el trabajo de las prácticas artísticas tradicionales de las bordadoras tiene el propósito de traer a su situación una práctica heredada de las comunidades que vivían en su territorio antes de la Colonia española.

Dado todo lo anterior, ha sido importante para nosotras como editorial hacer un trabajo desde las prácticas artísticas y comunitarias de los diferentes grupos con los que hemos trabajado desde hace cinco años que armamos la Editorial Mitote. Para cerrar el texto quiero decir que el proceso del proyecto Acompañamientos pedagógicos para reencontrar nuestros saberes ha sido una experiencia de aprendizaje y exploración común entre la Sociedad Cooperativa Chiwik Tajsal y la Editorial Mitote, sus resultados van más allá de las ediciones que hicimos juntxs durante los tres periodos del proyecto, son procesos y encuentros de formas de vivir y de pensar que nos enseñaron a procurar y cuidar la vida y lo vivo más allá de lo que nos propusimos.

Es por todo lo descrito aquí que tengo la esperanza de que esta reflexión sea solamente el inicio de muchas horas más compartidas con Chiwik que me puedan enseñar a entender la vida, más allá de lo que este sistema de colonialidad me implantó durante mi educación y mi crecimiento. Espero crecer más allá de mi propio cuerpo colonizado.


Notas

  1. Escribo de forma inclusiva con una X, porque me parece necesario, en un proyecto que trabaja desde el cuestionamiento del régimen heteropatriarcal que pretende desconfigurar los sentimientos y todo lo relacionado con lo afectivo.
  2. La Editorial Mitote Zinería es un proyecto de investigación y trabajo comunitario que utiliza la autoedición como un mecanismo para compartir saberes. Mitote, acceso el 10 de julio de 2025, https://mitote.org.
  3. Página de Facebook de Sohuame Tlatzonkime. Mujeres bordadoras, acceso el 20 de mayo de 2025, https://www.facebook.com/SohuameTlatzonkime.
  4. Instagram de Akire Huautli, acceso el 10 de julio de 2025, https://www.instagram.com/akire_huauhtli.
  5. Página de Facebook de Hilando sentidos, acceso el 20 de mayo de 2025, https://www.facebook.com/profile.php?id=100063480286393.
  6. Instagram de Sociedad Cooperativa Chiwik Tajsal, acceso el 20 de mayo de 2025, https://www.instagram.com/chiwik_.
  7. Página de Facebook de Mujeres de la Tierra, Mujeres de la Periferia, acceso el 20 de mayo de 2025, https://www.facebook.com/profile.php?id=100070613719620.
  8. Instagram de Pochx House, acceso el 20 de mayo de 2025, https://www.instagram.com/pochxhouse.
  9. Tlalpan y Xochimilco son dos de las dieciséis demarcaciones territoriales de Ciudad de México que se encuentran en el sur de la ciudad y que son importantes porque proveen a la gran ciudad de suelos de conservación y de una amplia riqueza cultural que permanece en los pueblos originarios.
  10. La propuesta de Donna Haraway sobre el conocimiento situado implica hablar del objeto de estudio teniendo siempre en cuenta el lugar desde el cual se parte, ya que independientemente del tipo de investigación o metodología que se siga, ningún conocimiento está fuera del contexto ni de la subjetividad de quien lo emite. (Haraway, 1995).
  11. El colonialismo interno marca la existencia de grupos de población, indígenas y marginales, que son afectados no sólo por el colonialismo internacional, sino también por el sistema y las clases sociales locales. (González Casanova, 2018, p. 128).

Referencias

  • Algava, M. (2022). El abrazo caracol. CICCUS.
  • Flores Martínez, E. en colaboración con las mujeres artesanas de la cooperativa Chiwik Tajsal (2025). Siuasentekipacholis: trabajo y cuidado colectivo entre mujeres. Bordados que relatan la vida. CLACSO y Universidad Veracruzana.
  • Fricker, M. (2017). Injusticia epistémica. Herder.
  • González Casanova, P. (2018). Explotación, colonialismo y lucha por la democracia en América Latina. AKAL.
  • Haraway, D. (1995). Ciencia, cyborgs y mujeres. La reinvención de la naturaleza. Cátedra.
  • Paredes, J. El feminismo comunitario: la creación de un pensamiento propio. Corpus 7 (30 junio 2017) 15. https://doi.org/10.4000/corpusarchivos.1835.
  • Talavera Autrique, A., Mallet, A.E., MUAC. (2022). Una modernidad hecha a mano: diseño artesanal en México, 1952-2022. Editorial RM.