Arte de devolver la palabra: memorias vivas entre personas, plantas y animales
Introducción
Re-memorar, como práctica narrativa, es traer al presente aquello que da sentido y sustento a nuestras vidas. En las cartas y en las imágenes que las acompañan se revelan los lazos invisibles entre personas, animales y plantas; entre las pérdidas y los afectos que sostienen la vida cotidiana.
El propósito de este trabajo es compartir una forma de documentar y de devolver, nacida del diálogo y del cuidado. Más que una investigación o una obra acabada, se trata de un proceso de escucha y de reciprocidad: un arte de devolver la palabra.
Este gesto tomó cuerpo en Rancho Viejo, una comunidad rural situada en las faldas del Cofre de Perote, en San Andrés Tlalnelhuayocan, Veracruz, México. Allí, entre cultivos de macadamia, papa, maíz, patios florecidos y animales domésticos, las historias se entrelazan con los ritmos del territorio.
Reconocer los gestos de cuidado y creación que habitan la vida común —sembrar, alimentar, criar, acompañar— fue el punto de partida. Desde ahí, re-memorar se vuelve una forma de arte popular: una práctica de resistencia y de ternura que reanima los vínculos humanos y más-que-humanos.

Metodología y proceso creativo
Las cartas que conforman este trabajo surgieron de conversaciones de re-membranza, una metodología inspirada en las Prácticas Narrativas desarrolladas por Michael White y David Epston, que reconoce la importancia de las historias que contamos sobre nosotros/as mismos/as y sobre nuestras relaciones. Cada diálogo partió de una pregunta sobre un valor, deseo o esperanza vinculada con la tierra, los animales o las plantas.
A partir de esas conversaciones se construyeron cartas narrativas, tejidas con las propias palabras de las personas, pero narradas, imaginariamente, desde una persona significativa que emergió de sus relatos: una abuela, un hermano, un esposo o un amigo. En este gesto de devolución, la escritura se volvió una forma de arte relacional y de reciprocidad.
Las cartas fueron leídas en voz alta y entregadas impresas, acompañadas de imágenes —fotografías de sus patios, de sus animales y de sus siembras— y collages elaborados por Antonia Isaacson, que reinterpretan visualmente las historias. Esta elección responde tanto a la diversidad de alfabetismos (pues no todas las personas saben leer o escribir) como al deseo de devolver la palabra en múltiples lenguajes sensibles: el texto, la voz y la imagen.
En este sentido, la ortografía, los giros y las expresiones locales fueron respetados intencionalmente. No se buscó corregir sino honrar la musicalidad y la textura del habla, reconociendo que allí también habita una forma de saber y de belleza.
A continuación se presentan cinco cartas y las imágenes que las acompañan. Ambas dimensiones conforman un corpus de creación colaborativa en el que la palabra escrita y la visualidad dialogan para reconstruir memorias, afectos y vínculos con la naturaleza. Cada carta, al ser leída y devuelta, abrió un espacio de reconocimiento mutuo y de reencuentro con aquello que da sentido a la vida cotidiana.
Enriqueta Durán Saldaña
Querida Quetita, siempre supe que tú y tú hermana eran planteras como yo, luego se les ve.
Una reconoce el cuidado y cariño que la gente pone o no en las plantas. No sé si alguna vez te dije, pero yo también sentía enojo cuando me las movían de lugar, cuando las estropeaban, cuando les falta tierra o no las podía regar. Igual que sientes tú, fueron mi lugar de desestrés. ¿Te acuerdas, cuando chiquilla, del cerquito que les puso tu papá para sembrar? ¿Qué será de todas las plantas que has dejado sembradas en los lugares que has vivido?
Recuerdo cuando te regalé la violetita y te dije “no dejes que se seque”. Me siento contenta que aún tienes los anturios y las orquídeas. Tú como ellas has sabido reverdecer.
Nuestro lenguaje fue a través del intercambio de camotes, piecitos, estacas, flores y semillas, lo recuerdo como si fuera ayer.
Gracias por preguntar por las macetas de mi casa, quien quita y alguna hija o nieta se anime a seguirlas cuidando.
Encuentra esa tierra que necesitas, sigue floreciendo.
Tu abuelita Nicolasa
(†) 5 de septiembre de 2024
Lucía Martines Hoyos
Querida Luchi, sé de tu gusto por levantar las pollas. Lo bonito que sientes de que se coman las sobras de comida o simplemente lo que cae al suelo, que dejen todo limpio. También sé de tu preferencia por las de plumas blancas o flor de haba. Y de tu forma generosa de dar amor cada que tienes visitas, dando de comer todo abundante, carne de tus gallinas o huevito.
Esa generosidad es lo que siempre he recibido de tí, tu ser generoso de brazos abiertos, tu dar de corazón.
Me acuerdo que cuando era chico te seguía mucho, bueno los seguía mucho a ti y al difunto Don Samuel. Terminaron de crecerme, como tú a tus pollas. Sólo que conmigo se juntaron aves de otras mamás: siete para ser exactos. Todo el día en su casa, no sólo comiendo sino jugando. Era nuestro lugar seguro.
Recuerdo también que hace 28 años los busqué de padrinos de mi primer y único hijo. Nunca supe cómo sacaron a tanto niño adelante, cuando yo apenas puedo sostener al mío. De tí aprendí a dar. De ustedes aprendí que Dios aprieta, pero no ahorca.
Debes de saber que varios de tu familia y de tu anterior colonia, sabemos de sus formas de dar amor. Sé que cuando se puso mal Don Samuel apenas vine una vez, lo siento. Aunque imagino, por lo que te conozco, que cuando falleció Don Samuel la gente te apoyó, el universo devolviendo parte de lo que has dado.
Hoy tengo 50 años, trato de ser generoso con mi círculo cercano, en mi familia y trabajo. Ojalá le pudiera transmitir a mi hijo la mitad de lo generosa que has sido y sigues siendo.
Gracias por tu cariño, picardía, atención y cuidado hecho comida.
Tu hermano Justo
13 de octubre de 2024
Félix Hernández Aquino
Mami, hace mucho que te quiero decir que me gustan nuestros intercambios de animales y plantas. -Ten un pollito, -Te presto una pata, pero cuídalos y así. De ti heredé el gusto por la crianza, aunque sabemos que yo luego, luego me los como, ya sabes…se mueren y nadie los aprovechó, para eso son, para el antojo. En cambio, sé que tú los tienes para que se crezcan, para que produzcan. Escucho que a veces van personas a tu casa a comprarte y les dices que no…aunque se los acabes vendiendo, pero no es tu búsqueda.
Dices que a ti nadie te enseñó, en cambio yo he aprendido de ti. ¿Te acuerdas cuándo tuviste cochinos? Creo que se gastaba mucho en la comida, en cambio ahora sólo tienes gallinas, patos, conejos, perros, gatos y tus plantas. Tú nos enseñaste a no maltratarlos a cuidarlos como cuando mi hermano jugaba con los gatos, los aventaba para arriba y tú lo regañabas. Todos tus hijos somos animaleros y eso, queriendo o no, lo hemos transmitido a nuestras hijas e hijos.
Me acuerdo que te ibas a conejear con mi papá, dejándome al cuidado de tus hijos. Tenía apenas 10 años, tenía miedo, pero aún así los sacaba, les daba de comer, los limpiaba, los tapaba y a la noche que llegabas ya estaban dormidos, como lo haces hoy día con tus pollitos.
Discúlpame que aún te lo eche en cara, lo que pasa es que sentí que nos desabandonaste muy feo. De grande fui entendiendo que la razón era cuidarlo [a mi papá], que no le pasara nada, que no tomara, que no se gastara su paga en alcohol. Aunque al final eso fue lo que lo alejó de nosotros… ese día con la crecida del río.
Y pensar que hoy, entre los hermanos, nos andamos peleando por las escasas fotos de mi papá. Agradezco que tú y yo seamos cercanas, que nos visitemos seguido y que tengamos fotos juntas.
Te quiere, Elena
26 de octubre 2024
Toribia Martínez García
Vieja ¿Cómo has estado? Te escribo desde un lugar sin sufrimiento, sin miedo, desde un jardín hermoso con muchas plantas florecidas, con olor a huele de noche, gardenias y jazmines, sin temor, parecido al jardín que sigues cultivando.
Te cuento que hay días que me sorprendo pensando en los 33 años que vivimos juntos y en mi ilusión de llenar la casa de escándalo de nietos. No olvidaré la experiencia del nacimiento de nuestros hijos y la sorpresa de reunir a nuestros seis hijos con sus esposas, esposos e hijos, pero tú lo lograste. Gracias por enseñarme tanto.
Traté de ser un buen hombre, esposo y padre para nuestra familia, de estar siempre presente. Sé que no tuvimos riquezas materiales, pero ambos trabajamos para que hubiera amor y comprensión. Me gusta saber que nos llevamos más bien que mal. Me diste los hijos que quería, en mi trabajo siempre me ayudaste, no me dejaste sólo ¿Te acuerdas que mientras trabajaba inventábamos juegos? Cantábamos, hacíamos chistes y adivinanzas. Que bien la pasábamos.
Aún recuerdo mi necedad de que vieras el Fútbol conmigo, mientras sabía que tú preferías hacer algo más como bordar o tejer, entonces me acarreabas las cosas y te hacías perdediza en otros quehaceres. Siempre fuiste una buena madre, esposa y compañera. Tú me enseñaste que Dios existe y nos escucha, que él sabe lo que somos. Admiro tu firmeza en la fé. Me disculpo por actuar como actué en relación a ese espacio con Dios que inicié contigo y después dejé.
Por cierto, el otro día te escuché decir que por mí conociste a Dios y yo pienso que eso ya lo traías, lo sé por tu compromiso de los viernes y los fines de semana y por los varios milagros que presenciamos en nuestra vida. Te abrazo y te felicito.
Valoro todo lo que sigues haciendo por tus hijos, nietas y nietos. Me dan gusto los cambios en la casa, que sigas con tus plantas, atendiendo tu salud y con tus agujas.
Tú viejo, Isaías (†)
27 octubre 2024
Irene Hernández Arellano
Querida Ireniux,: Le escribo esta carta para decirle que aprecio mucho lo buena onda que es con los animales. Por ejemplo, con los perritos, no sólo los suyos, sino los del pueblo. Sé que a usted como yo le gustaría que la gente tuviera más consciencia de cuidado. Que se comprometieran a esterilizarlos, a darles de comer, a hacerse responsables de su cuidado.
Como usted dice, si nosotros decidimos tenerlos, entonces hay que cuidarlos. También me emperra que estén flacos y enfermos.
Desde que la conozco, hace más o menos 4 años, he notado su ser humanitario. Perritos y otros seres vivos, que llegan (llegamos) a pedir de beber, comer o descansar, usted intenta ayudar y luego ¡Pum! Ya tiene otro perro, otro hijo. Como la señora Hilda, ella creo que también es de ese pensar, al menos con los perritos.
¿Se acuerda cuándo llegó la Chatita? Fue muy bello lo que hizo por ella. Por ahora, todavía sigo pensando en el día que atropellaron al Bengi y lo duro que fue entregárselo muerto. Lo único que me consoló fue que no sufrió, que la pude abrazar, que lloramos juntos, me sentí muy triste. Fue un perro muy amado.
Me despido diciéndole otra vez que valoro mucho nuestra amistad, me doy cuenta que la aprecio mucho. Gracias por sostenerme en mis propias pérdidas, usted ya sabe cuáles. Es una cosa bonita contar el uno con el otro, con la otra, en las buenas y en las malas.
Usted es mi persona correcta.
Tinoko, su hijo café con leche.
15 de enero de 2025

Reflexiones finales
Las reacciones ante la devolución fueron profundamente conmovedoras. Algunas personas lloraron al escucharse narradas, otras rieron al reconocerse en sus propias palabras o en las imágenes que acompañaban sus historias. Hubo silencios largos, miradas brillantes y comentarios que confirmaban el poder de verse y oírse con dignidad.
Quienes escucharon las cartas —familiares, vecinas, estudiantes— compartieron una sensación de asombro, reconocimiento y conexión. Las cartas no sólo devolvieron palabras: restituyeron vínculos, tejieron memoria y afecto.
En este encuentro entre escritura, oralidad y arte visual, se revela la potencia de una práctica que hace de la creación un acto político de cuidado. Re-membrar, es una forma de arte vivo: un modo de narrar y cultivar la vida en común, de volver a decir “hola” a lo que aún nos sostiene.
Referencias
Colectivo de Prácticas Narrativas. (2024). Diplomado en Prácticas Narrativas (2024-2025). Materiales inéditos de formación [Documento interno]. Díaz, I. (2025). Módulo 4. Re-membranza. En Curso Construyendo una terapia narrativa feminista. [Documento interno] ÍMPETU.
White, M. (2007). Maps of narrative practice. W. W. Norton & Company.